Sufriendo por nuestro bien ¿?


Cuando mi hijo tenia como 4 años de edad lo llevé a una oficina médica para hacerle un análisis rutinario de sangre. Mientras esperábamos por nuestro turno todo estaba bien; el chiquito jugaba, bailaba, cantaba, brincaba... todo lo que usualmente hacía.

Cuando nos tocó entrar a ver la doctora todo de repente cambió. Aquella hermosa sonrisa de mi hijo se convirtió en llanto, miedo, terror. La doctora le hablaba con cariño y trataba de calmarlo pero ésto no era suficiente. Lo senté en mis piernas y lo agarré fuertemente para que la doctora pudiera sacarle la sangre pero era tanto el lloro, los gritos, las patadas, etc. que la doctora no podía encontrar la vena y tuvo que salir a buscar ayuda. Le pidió a una de las enfermeras que viniera a ayudar y entre todos acostamos al niño en una camilla. La doctora se acostó en las piernas del niño para agarrarlo mientras yo le trataba de sujetar la cabeza y los brazos para que la enfermera pudiera extraer la sangre con la jeringuilla. ¡El chiquito estaba tan aterrorizado que no se de donde sacaba fuerzas para mover a los 3 adultos que estábamos sujetándolo! Me miraba con una cara de frustración, de desesperación, y me decía "¡No papi, no! ¡No dejes que me hagan eso!" Yo no podía verle a los ojos porque se me estaba rompiendo el corazón... Casi desisto de la idea y le pido a la doctora que parara todo pero yo entendía que ese momento de dolor era necesario para asegurarnos que todo estaba bien con la salud del niño.

Finalmente la enfermera pudo sacar la sangre y le regaló un caramelo al niño; éste al ratito estaba jugando, bailando, cantando, brincando como usualmente hacia.

A veces Dios permite que pasemos por momentos de dolor, de necesidad, de frustración, no porque Él quiera o se deleite en que suframos o porque Él quiera descubrir algo nuevo en nosotros, sino porque quiere que nosotros mismos nos demos cuenta de que tan saludable estamos espiritualmente y que tan firme está nuestra dependencia y fe en Él.

"Fue por la fe que Abraham ofreció a Isaac en sacrificio cuando Dios lo puso a prueba. Abraham, quien había recibido las promesas de Dios, estuvo dispuesto a sacrificar a su único hijo, Isaac,  aun cuando Dios le había dicho: «Isaac es el hijo mediante el cual procederán tus descendientes». Abraham llegó a la conclusión de que si Isaac moría, Dios tenía el poder para volverlo a la vida; y en cierto sentido, Abraham recibió de vuelta a su hijo de entre los muertos." Hebreos 11:17-19

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Por Emanuel Betances  / Se permite la reproducción citando la fuente
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