Escrito por Jesús Adrián Romero
Miércoles, 03 de enero de 2007

Hay sueños que provienen del corazón de Dios y hay sueños nuestros. Los sueños nuestros pueden ser alcanzados a través de nuestra capacidad humana, a través de nuestros recursos e influencia. Los sueños de Dios son alcanzados a través del poder de Dios.

La palabra de Dios a Zorobabel fue: “No es con ejercito, ni con fuerza, sino con mi espíritu...”. La tarea que zorobabel tenía que llevar a cabo era titánica y Dios le advierte que si él descansaba en su habilidad para alcanzarla, el propósito no se lograría.

“No es con fuerza”, dice el Señor. Esta declaración de la fuerza hace referencia a un arco cuando está siendo estirado. El arco es un arma de guerra, un instrumento hecho de material que tiene su límite cuando se estira. Además de las limitaciones en el arco, hay limitaciones en la fuerza de la persona que estira el arco.

La fuerza humana o “instrumentos” humanos nunca serán suficientes para alcanzar los sueños de Dios. Cuando comparamos nuestra fuerza con la fuerza de Dios, no hay comparación, cuando comparamos nuestros “arcos” con el “arco de Bronce”, el arco de Dios, nuestros instrumentos son débiles, y con muchas limitaciones.

Dios también le dice a Zorobabel, “No es con ejercito”. Un ejército es un grupo de hombres, un grupo de soldados a la disposición de un capitán. La palabra ejército también puede ser interpretada como recursos, influencia, dones o habilidad. Nada de esto es suficiente le dice Dios a Zorobabel, necesitas el poder de Dios.
...porque Él me amó...
Uno de los obstáculos más grandes para nosotros llegar a vivir una vida Cristiana en plenitud radica en lo difícil que se nos hace el someternos a la Voluntad de Dios. Morir a nosotros mismos, a nuestros deseos, a nuestro orgullo es algo tan difícil que muchas veces optamos por vivir un Cristianismo hipócrita, decimos que somos de Cristo pero no hacemos lo que Él nos manda. 

Cuando decimos que Jesús es nuestro Señor muchas veces lo decimos de la boca para afuera ya que en realidad no entendemos lo que estamos diciendo. Veamos lo que la palabra Señor quiere decir en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: "Que es dueño de algo; que tiene dominio y propiedad en ello." Entonces podemos decir que el buen siervo hace la voluntad de su Señor, de su Dueño, de su Propietario, sin cuestionarlo, sin poner excusas o pretextos.

El Apóstol Pablo lo expresó muy bien cuando le dijo a los Gálatas: "En realidad, también yo he muerto en la cruz, junto con Jesucristo. Y ya no soy yo el que vive, sino que es Jesucristo el que vive en mí. Y ahora vivo gracias a mi confianza en el Hijo de Dios, porque él me amó y quiso morir para salvarme." Por el sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario nuestros pecados fueron pagados, fuimos comprados a precio de sangre.

Entonces si Jesús es tu Señor... ¿qué esperas para someterte a Su Voluntad?

Por E. Betances  / Se permite la reproducción citando la fuente
Twitter: @ebetances
«¿Qué somos los mortales para que pienses en nosotros y nos tomes en cuenta?» Salmos 8:4 TLA
El amor de Dios para con nosotros es tan grande que creo nunca lo lograremos entender. El mismo Rey David se preguntó alguna vez: «¿Qué somos los mortales para que pienses en nosotros y nos tomes en cuenta?» 

Es impresionante que Dios todavía nos ame a pesar de nosotros y nuestras miserias. Comparados con Él nosotros no somos más que basura y sin embargo Él se place en amarnos, perdonarnos, restaurarnos, escucharnos, etc. Es tanto su amor que la Biblia dice en Juan 3:16: «"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna."» ¡Esa es la magnitud de su amor por nosotros!