Por Diego Bedoya

Sé muy bien que solo soy un pedazo de barro tratando de explicarle a otro pedazo de barro quien es el Alfarero. Sin embargo quiero que reflexiones sobre lo siguiente:

Ser cristiano no se trata de mí o de ti. Cuando lleguemos al cielo Dios no nos va a preguntar cuantos “Me Gusta” conseguimos en Facebook o cuantos "Seguidores" acumulamos en Twitter; Él nos va a preguntar si le amamos, si le hablamos a otros acerca de Él.

Algunos piensan que cristianismo es decirle no a la cerveza, no a los tatuajes y cero a las diversiones. Otros creen que Jesús acepta la hipocresía, creen que Jesús está de acuerdo con el pecado. Incluso creen que la expresión “el que peca y reza, empata” se encuentra en la Biblia. Debemos comprender que caer en el pecado no es lo mismo que planear el pecado para luego confesarlo.

"Por eso, de la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, vivan ahora en él, arraigados y edificados en él, confirmados en la fe como se les enseñó, y llenos de gratitud." Colosenses 2:6-7

Al estudiar el libro de Colosenses, mi esposa y yo nos preguntamos, ¿Quién tiene el derecho de corregirnos? ¿De quién aceptaríamos corrección? 

A cada rato se escuchan comentarios como: “¿Quién se cree? ¡ni siquiera es de mi congregación!”, cuando una persona es amonestada, exhortada o corregida por algún pecado. Nos cubrimos, nos defendemos y nos hacemos del oído sordo bajo el abrigo de la autonomía de la iglesia, cuando algún hermano o hermana de otra congregación, concilio o grupo cristiano, ve algo en nosotros que no es agradable a Dios.

La historia de José, quien luego de ser vendido como esclavo por sus propios hermanos llegó a ser gobernador de todo Egipto, nos revela como Dios trabaja en la historia de la humanidad aun en medio de las circunstancias más difíciles y extremas. 

En Génesis 45 vemos como José mismo reconoció la SOBERANÍA de Dios ante sus hermanos: