Crecí en la iglesia y pensaba que era cristiano porque me comportaba como cristiano, porque hacia lo que me habían dicho que un cristiano debía hacer, porque hablaba como me habían enseñado que un cristiano debía hablar. Llegó una época en mi vida cuando nada de lo que había aprendido me ayudó a mantenerme firme ante los ataques del enemigo y los deseos de la carne; fue allí que Dios tuvo misericordia de mi y me encontró, me hizo ver mi error, me perdonó, me rescató y me hizo una nueva criatura.