En los últimos años el interés por la GUERRA ESPIRITUAL ha aumentado hasta llegar a niveles nunca antes vistos. Miles y miles de libros, conferencias, congresos, artículos, videos, sermones, manuales, objetos, etc. relacionados con este tema han básicamente inundado el mundo Cristiano de hoy día. Lo triste del caso es que la mayor parte de lo que se predica o expone sobre la guerra espiritual está totalmente desenfocado de lo que la Biblia realmente nos revela.

Esta mañana mi hermano y amigo Carlos Quintana, quien tiene varias semanas predicando el evangelio en la provincia de Yunnan, República Popular de China, escribió un articulo muy bueno sobre la guerra espiritual. Es interesante ver como Carlos explica este tema de una manera clara y precisa, tomando en cuenta que él se encuentra en un país completamente cerrado al Cristianismo.

Decidí compartirlo con ustedes como parte de una serie sobre la guerra espiritual que estaré publicando en este blog el cual espero que sea de bendición y edificación a muchos.

La Guerra Espiritual. 

Hoy en las iglesias se habla mucho de guerra espiritual, de enfrentamiento con los demonios, de atar a los principados y potestades etc. etc. Si bien es cierto que no ignoramos lo que escribió Pablo en su carta a los Efesios en el capítulo 6 versículos 12 al 18, en cuanto a que no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales, él nos dice la manera en que debe asumirse esta batalla. Entre otras cosas nos aconseja lo siguiente: 
  1. Pónganse todas las piezas de la armadura de Dios para poder resistir al enemigo en el tiempo del mal. Así, después de la batalla, todavía seguirán de pie, firmes. 
  2. Defiendan su posición. Y la manera en que vamos a defender nuestra posición es:
    • Poniéndose el cinturón de la verdad y la coraza de la justicia de Dios. 
    • Pónganse como calzado, la paz que proviene de la Buena Noticia (que es la proclamación del evangelio) a fin de estar completamente preparados. Además de todo eso, 
  3. Levanten el escudo de la fe para detener las flechas encendidas del diablo. 
  4. Pónganse la salvación como casco. 
  5. Tomen la espada del Espíritu, la cual es la palabra de Dios. 
  6. Oren en el Espíritu en todo momento y en toda ocasión. 
  7. Manténganse alerta y sean persistentes en sus oraciones por todos los creyentes en todas partes. (Efesios 6:12-18 NTV)
Aquí no veo a Pablo enseñando, ni ordenando, ni mucho menos recomendando a los creyentes, a atar a los demonios ni a elaborar mapas ni ninguna clase de cartografía territorial. Nuestro enfoque debe estar en la Luz, no en las tinieblas. En la medida en que vayamos llevando el Reino de Dios a las mentes y corazones de la gente, al ellos arrepentirse y convertirse de las tinieblas a la luz de Cristo, como resultado, serán trasladados de la potestad de las tinieblas al reino del amado Hijo de Dios. 

Así qué sigamos predicando el evangelio a toda criatura y dejémosle los resultados al Espíritu Santo. 

Suyo por el engrandecimiento del Reino de Dios, desde Kunming en la provincia de Yunnan, República Popular de China,

Pastor, Carlos Quintana



Carlos Quintana es pastor de la Iglesia Cristiana Para Las Naciones en Orlando Florida. Miembro de la junta de Misiones de COMHINA y relacionado con el campo misionero por más de 37 años.
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Hablar de Dios y de lo bueno que Él ha sido conmigo me sale natural. 

No puedo pasar un día sin compartir mi fe con alguien. Lo hago propositalmente en las Redes Sociales y de una u otra forma Dios siempre me pone en situaciones en las que tengo que testificar de Su amor.

Hace sólo unos años yo no era así. Aunque me crié en la iglesia, para mi era bien dificultoso hablar públicamente de mi fe. Es más, yo hasta evitaba a esos hermanos que se la pasaban hablando de Jesús porque me parecían demasiado fanáticos.

¡El Emanuel de hace unos años hubiera mantenido su distancia del Emanuel de hoy en día!

¿Qué causó este cambio tan drástico? La respuesta es sencilla: Me encontré con Jesús.

Cuando realmente conoces a Jesús, te das cuenta de lo pecador que eres y entiendes lo que Él tuvo que hacer para salvarte, no te queda más que compartir con otros sobre ese amor.

Te exhorto a que si en realidad amas a Jesús compartas con tus amigos y familiares de lo que Él ha hecho por ti. No trates de convencer a nadie, eso es trabajo de Dios.

"Ve a tu casa y a tu familia y diles todo lo que el Señor ha hecho por ti y lo misericordioso que ha sido contigo." Jesús (Marcos 5:19)



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Leyendo el libro del Pastor John MacArthur titulado "Esclavo" me encontré con esta historia que me gustaría compartir contigo:

«Soy cristiano». El joven no dijo nada más mientras se mantenía de pie ante el gobernador romano. Su vida pendía de un hilo. Sus acusadores lo apresaron nuevamente con la esperanza de hacerlo errar o forzarlo a retractarse. Sin embargo, una vez más respondió con la misma frase de apenas dos palabras: «Soy cristiano».

Esto ocurrió a mediados del segundo siglo, durante el reinado del emperador Marco Aurelio.1  El cristianismo era ilegal y los creyentes por todo el Imperio Romano enfrentaban la amenaza de la prisión, la tortura o la muerte. La persecución era especialmente intensa en el sur de Europa, donde se había arrestado y llevado a juicio a Sanctus, un diácono de Viena. Al joven se le decía repetidamente que renunciara a la fe que profesaba. No obstante, su resolución era impertérrita: «Soy cristiano».

Sin importar qué le preguntaran, siempre dio la misma respuesta. De acuerdo con Eusebio, el historiador de la iglesia, Sanctus «se ciñó a sí mismo [contra sus acusadores] con tal firmeza que ni siquiera habría dicho su nombre, la nación o ciudad a la que pertenecía, si tenía vínculos o era libre, sino que en lengua romana respondió a todas sus preguntas: “Soy cristiano”».2 Cuando finalmente llegó a ser obvio que no diría nada más, fue condenado a tortura y a la muerte pública en el anfiteatro. El día de su ejecución, se le obligó a sufrir el acoso, a ser sometido a las bestias salvajes y a sujetarse a una silla de hierro ardiente. Durante todo esto, sus acusadores continuaron tratando de quebrantarlo convencidos de que su resistencia se fracturaría bajo el dolor del tormento pero, como narra Eusebio: «Sin embargo, ellos no escucharon una palabra de Sanctus excepto la confesión que había pronunciado desde el principio». Sus palabras mortales hablaron de un compromiso inmortal. Su grito concentrado fue constante durante todo su sufrimiento. «Soy cristiano».

Para Sanctus, toda su identidad, incluido su nombre, ciudadanía y status social, se encontraba en Jesucristo. Por ello, no pudo dar mejor respuesta a la pregunta que se le hizo. Era cristiano y esa designación definía todo sobre él.

¿Qué hubieses hecho tú?

1. Marco Aurelio reinó desde el 161 hasta el 180 a.d. La intensa persecución que se describe aquí probablemente ocurrió alrededor del año 177.
2. Eusebio, Church History, 5.1.20, citado en Philip Schaff, Nicene and Post-Nicene Fathers, 2da ser. (Grand Rapids: Eerdmans, 1971), I:214. 

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