Por Francis Montás

Una noche sin espectáculo de fuegos artificiales para un gran comienzo.

A muchos nos seduce la idea de la manifestación de Dios en términos fenomenológicos. Y sí; Dios se puede manifestar como él quiera. Él es soberano y omnipotente.

Sin embargo, llama mi atención que la noche que marca un gran comienzo para la historia de la humanidad, estuvo exenta de fuegos artificiales o de un espectáculo pirotécnico que llenara los cielos y ruborizara la tierra. Esa noche, en la ciudad de Belén, los acontecimientos fueron discretos, duros, dolorosos, angustiosos para dos personas que tenían más preguntas que respuestas. José y María debían estar cautelosos y con temor, cuando no se encontró lugar en la sala de partos de la ciudad y fueron a dar con su humanidad en el hostil suelo de un pesebre. Ellos debieron estar preocupados por la condición de María, sin experiencia natal (primeriza), por los dolores y la incomodidad, por la falta de un lugar adecuado, por la crudeza del momento que debía ser maravilloso. Imagine a un hombre que es incapaz de proveer lo mínimo en condiciones de confortabilidad para que su esposa entrara en labor de parto. Yo no lo quiero imaginar. Ignoramos si recordó las palabras del ángel en ese instante.

Ellos también se preocuparon por el santo ser que nacería. ¿Estás bromeando? ¿Cómo vamos a tener este bebé en estas condiciones, cuando se nos dijo que él salvaría a su pueblo de sus pecados? ¿No se supone que yo soy la mujer bendita entre todas las mujeres? ¡No puedo terminar así! ¿No fui hallada en gracia delante de Dios? ¿No que este hijo será grande? ¿Que será llamado hijo del altísimo? ¿No ha prometido Dios para este niño el trono de David, su tátara tátara tátara abuelo? Y recuerda que… “reinará sobre la casa de Jacob para siempre.” ¡Oh! También: “Su reino no tendrá fin.” Yo no sé, quizás yo hubiese repasado la más mínima de las profecías buscando alguna razón a la que aferrarme. Yo pienso en José y María e imagino muchas preguntas. “Ya verás María: Aparecerá un lugar para dar a luz. Dios mismo nos preparará una cama espectacular. Algo va a suceder.” O como dicen los predicadores famosos de este tiempo: “Lo mejor está por venir María.” Ese es el momento en que uno espera que los cielos se abran y suceda un milagro. Las cosas no pueden terminar de esta manera. Si tenemos profecías tan grandes, las mismas no pueden terminar en un pesebre. Y entonces uno intenta recordar todos los textos archivados en la memoria. Si vino un ángel y nos dio palabra, no es posible que acabemos en un pesebre. El ministerio de un ángel no tiene nada que ver con pesebres que apestan a animales.

Me imagino que la noche siguió avanzando lentamente; los dolores de la parturienta también y el milagro no llegaba. En situaciones como estas muchos cristianos hemos sido entrenados para esperar que Dios llegará y nos librará de esa “vergüenza”.

Sigue la noche, siguen las preguntas, y no hay una atmósfera de milagros. No se siente nada. Silencio. Dos rostros perplejos. Unas manos que intentan arrimar el cuerpo frágil de la madre sobre la paja, sobre el pasto. ¡Cuidado! Aquí cerca hay desperdicios de uno de esos animales. ¡Y que olor tan fuerte este! No puede ser. No llegó ningún ungido con un telegrama divino de última hora. Esto no puede estar pasando. ¿Si este niño que casi nace es tan grande; cómo es que aún estamos aquí y nada cambia? Pero Dios tiene que llegar. ¡Ya casi! Algo sucederá.

Uno espera que los fuegos artificiales, el espectáculo pirotécnico, estallará en cualquier momento. El firmamento se llenará de luces. Por toda la tierra bramará una voz que sobrecogerá todas las cosas. Ángeles llegarán y esto será asombroso; Pero que va, sigue la noche y el silencio. Un inquietante silencio, mientras las expectativas de milagros se diluyen.

En medio de las más duras condiciones para la fe jamás descritas. Todo esto es como un anti milagro. No haga esto si usted espera que Dios actuará en algún momento. Los que esperan milagros no se rinden en un pesebre, se van frente al palacio (¿o no era un rey que nacería?) y allí esperan hasta que suceda; pero el tiempo sigue y nada.

Y saben, Dios no iba a llegar; ya él estaba allí. El milagro no sucedería; hace rato estaba sucediendo. Justo en medio del silencio estaba sucediendo. No hay fiestas, ni algarabías, solo unos padres asombrados, quizás asustados. A lo sumo recibirían, dentro de un rato, la visita de unos pastores. Oye eso, pastores de ovejas. No profetas, no reyes, ni sacerdotes. Unos pastores llegarán para decir que un ángel se les apareció y les dijo; pero ese será dentro de un rato; mientras tanto en el pesebre….no la están pasando bien.

La espera sigue. Lo están esperando pero él está allí. Desean un milagro; pero él es el milagro. El omnipotente se está encarnando; y sin embargo, esto es un pesebre.

El más grande nacimiento ocurre en un lugar y en condiciones inadecuadas. (Parece) El más grande comienzo sucede en una noche de humillación. El más grande de todos estaba naciendo en la peor cuna. El más grande acontecimiento sucede en un lugar de derrotas.

No hay fuegos artificiales. No hay una frase poderosa que cierre este escrito.

Nota: Dedicado a todos los que están pasando una noche de silencio en un sucio pesebre; creyendo que Dios se olvidó de ellos; y sin embargo; está sucediendo.

Francis Montás es Pastor de CASA JOVEN, una creciente iglesia en Santo Domingo. Se inició como un pequeño grupo de estudios Bíblicos de 4 personas a mediados del año 2004. Hoy se perfila como una iglesia en crecimiento. Es una iglesia para toda la familia, que ministra a la persona integral. Su enfoque dice mucho de lo que la iglesia está interesada en hacer por las personas allá afuera. Actualmente está desarrollando un proyecto comunitario para servir a la comunidad de ensanche Kennedy.


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